sábado, 22 de abril de 2017

Ofensiva por el flanco derecho

Así de bonita fue la conquista de América

En los últimos meses se han publicado varios libros que la derecha ha recibido con gran alborozo, porque legitiman ideas y valores conservadores. Aquí van tres microrreseñas:

El Gran Nivelador (The Great Leveller): Walter Scheidel, un reconocido historiador de la Universidad de Stanford, afirma que la desigualdad es inherente al ser humano, al menos durante los últimos miles de años. Y que siempre que ha habido nivelación socioeconómica ha sido gracias a desastres y crímenes atroces. No es que Scheidel sea un gran defensor de la desigualdad, ojo: él simplemente documenta lo que hay (o lo que él cree que hay). Moraleja: Otro mundo no es posible. Toca vivir esclavos y además morir de rodillas. O eso o pandemias, guerras mundiales y genocidios. Los sectores más conservadores de Estados Unidos lo han aplaudido fervientemente. Best-seller en Norteamérica.

Imperio y leyenda negra de María Elvira Roca es una apología del imperio español. Un libro tan carente de originalidad como plagado de errores factuales. Pero sirve para que nos volvamos a sentir orgullosos de ser españoles y de haber conquistado la mitad del mundo. La desaparición de las poblaciones indígenas en el Caribe, los trabajos forzados, los reasentamientos masivos, el saqueo de las riquezas americanas, las conversiones forzosas, la esclavitud de cientos de miles de africanos: daños colaterales muy exagerados por los extranjeros que nos tienen manía y que eran peores que nosotros. Un argumento de extraordinaria pereza intelectual ("y tú más") que recuerda a las manifas pro-Franco cuando la comunidad internacional criticaba las barbaridades del régimen: "Contra la injerencia extranjera". Cuatro ediciones en el momento de escribir esta nota. Éxito editorial.

1936. Fraude y violencia en las elecciones del Frente Popular de Álvarez Tardío y Roberto Villa es un minucioso estudio de las actas electorales de febrero de 1936. Nada que objetar. El planteamiento del estudio, sin embargo, carece de originalidad y el método de análisis es tan tendencioso como el título del libro. Santos Juliá ha demostrado que los cálculos fallan por la base, dado que para que salgan los números los autores tienen que contar a la derecha como un bloque electoral, cosa que ni fue ni pudo haber sido. En cualquier caso, la conclusión implícita (o no) es que los primeros golpistas en España fueron los de izquierdas ¿De quién es la culpa de la Guerra Civil por tanto? Exacto. Otro bestseller entre lectores conservadores, necesitados no solo de que los suyos venzan en las guerras, sino de que además tengan razón.

La reacción de la izquierda en España ha sido contudente. Tan solo el libro de las elecciones ha merecido reseñas críticas y no precisamente por afines a Podemos: Santos Juliá y Jorge Reverte

Mientras la versión más retrógrada de la historia triunfa en las librerías, los intelectuales más a la izquierda llegan a la conclusión de que el enemigo a batir es Javier Cercas con su última novela, que ha sido objeto de furibundas recensiones. Cercas hace poco escribió lo siguiente:


"Ese es el mínimo acuerdo sobre el pasado que necesitamos: un acuerdo que condene de forma taxativa el golpe del 18 de julio y el franquismo y que diga taxativamente que ni fueron necesarios ni inevitables, y que el golpe militar y la dictadura constituyeron un error sin paliativos. Por desgracia, la derecha española, o buena parte de la derecha española, todavía no tiene claro el pasado y por tanto carecemos de un acuerdo completo sobre el presente, lo que significa que el pasado sigue sin digerirse, sigue siendo un lastre y un freno, de vez en cuando un arma arrojadiza. Y por eso casi nunca sabemos adónde vamos, ni qué hacer con el futuro."
Es posible que los críticos de Cercas tengan razón en su anális de la novela y sus ambigüedades políticas. Pero me da la impresión de que no se están enterando muy bien de por dónde viene la ofensiva, la que nos puede devolver a la verdad de la dictadura. Libros como el de Álvarez Tardío y Villa nos alejan cada vez más de ese mínimo acuerdo sobre el pasado que necesita nuestra sociedad. Libros como el de Roca sirven para nutrir un chovinismo vetusto que es lo que menos necesitamos en un mundo amenazado por nacionalismos excluyentes, aventuras neoimperiales y xenofobia. 

Es contra esta ofensiva, la del flanco derecho, contra la que hay que luchar usando las armas de nuestro oficio académico: la razón, la erudición, la retórica.

jueves, 13 de abril de 2017

Personas


 Argentina
 Bosnia
 Bosnia
 Bosnia
 Colombia
Colombia
 
 Guatemala
 Guatemala
 Iraq
 Iraq
 Iraq
 Iraq
 México
 México
 Polonia
 Polonia
 
 Ruanda
Ruanda
España

Se ha dicho en varias ocasiones que los crímenes contra la humanidad comienzan por la deshumanización del contrario (judío, rojo, fascista, moro, burgués, negro, indio: hay donde elegir). En nuestra página de Facebook las noticias sobre fosas comunes reciben a veces el emoticono "me divierte". Son una minoría, desde luego, pero ahí están: dos o tres personas que se divierten ante una fosa común. Les divierte ver una zanja con cinco, diez, veinte, cien cadáveres de personas asesinadas. Porque consideran que no son personas, supongo. Tampoco deben de ser animales (no soy vegetariano, pero a mí no me divierte la imagen de un matadero). Quizá sí sean seres humanos y simplemente se merezcan estar en el fondo de una fosa común con una bala en el cráneo, sepultadas, olvidadas, sus familiares humillados durante décadas.

La arqueología y la antropología física tal vez no sean los mejores aliados en la rehumanización de las víctimas, porque lo que sacamos a la luz son huesos y objetos. Tratamos de darles vida con nuestro trabajo. Pero hace falta un esfuerzo de imaginación para devolver a esos restos inertes humanidad; para imaginarse los huesos en un cuerpo con vida, con familiares, con esperanzas, con planes de futuro. No debería hacer falta, en cambio, imaginación para ver en los judíos, rojos, fascistas o moros a seres humanos cuando estaban vivos. 

Entiendo que a alguien que se divierte ante una fosa común es díficil conseguir despertarle la compasión por el prójimo (el prójimo que no es de su raza o de su credo). Pero tengo paciencia. Así que seguiré intentando: esta vez con una fotogalería. En vez de imágenes truculentas de fosas comunes o de las víctimas en vida, he pensado que quizá ver a los familiares de las víctimas pueda ayudar a quiénes se divierten ante las fosas. Y la próxima vez que enlacemos a una noticia sobre fosas comunes elijan el icono "me entristece" en vez "me divierte". O que no hagan nada. Eso ya sería un avance. 

Podría haber seleccionado a familiares de republicanos, pero por lo visto quienes se divierten ante las fosas comunes están inmunizados contra esas fotos. Así que solo he elegido una de España. Las otras diecisiete proceden de otros países: Argentina, Colombia, Guatemala, México, Irak, Bosnia, Ruanda. Lo que une a las personas que aparecen en las imágenes es que todas son familiares de víctimas de asesinatos extrajudiciales. Lo que las une al resto de la humanidad es que son personas. 

Y eso es lo único que cuenta para llorar con ellas.

sábado, 8 de abril de 2017

Wounds in the Dirt


En 1889 dos hermanos, Willard y Harlow Bundy, abrieron en Binghamton una time recording clock company. En los años 20 miles de obreros trabajaban ya en Bundy Time Recorders. Posteriormente la compañía se estableció en la zona de Endicott y dio lugar a la archiconocida IBM. La ciudad vive una gran crisis postindustrial. Aquellos tiempos se fueron para no volver. Para recordarlos se ha intentado recuperar el patrimonio vinculado a esa historia tan norteamericana de emprendedores capitalistas. Hace unos años se musealizó la casa vitoriana de Harlow Bundy, en donde se ha establecido un museo de arte e historia.



Este ha sido el edificio elegido como escenario de la exposición fotográfica de nuestro compañero Rui Gomes Coelho, quien nos ha acompañado en nuestras incursiones por Castuera, Belchite, Madrid y Repil. Tras su paso por Southampton y Lisboa, la exposición llega ahora a los USA. Para nosotros es un paso muy importante en la divulgación y socialización de nuestro proyecto en Arqueología de la guerra civil española. No es la primera vez que nos damos cuenta de una dura realidad: a veces interesa más esta temática fuera de nuestro país que dentro. Corren malos tiempos para la arqueología y la memoria histórica en el Reino de España.



La exposición cuenta con una introducción de Randall McGuire y con textos de Xurxo Ayán. En nuestro blog podréis ver y leer cada una de las 21 fotografías que resumen la originalísima visión de Rui Gomes. El lema de IBM fue THINK, y eso es lo que hace con su cámara este portugués errante: nos obliga a pensar y reflexionar sobre la relación de paisajes, personas y cosas vinculadas a la guerra civil española.


lunes, 3 de abril de 2017

La sombra de la guerra es alargada (4)

España y sus banderas. Baraja impresa por Fournier durante la guerra.

Franco no estudió en West Point. Era un auténtico maestro de la intriga política, pero en esto de la guerra no tenía mucha consideración hacia nadie, y menos hacia sus propios soldados. Es la falta de empatía característica de todo psicópata. Jamás siguió los consejos de sus subordinados ni mucho menos de los asesores alemanes e italianos. Su política era no ceder ni un centímetro de terreo al adversario, resistir hasta el último hombre y todo este tipo de épicas manejadas por los militares africanistas. Tras el fracaso en Madrid en noviembre de 1936, la toma de la capital fue una obsesión para el Generalísimo. En este contexto se enmarcan las conocidas como tres batallas de la carretera de A Coruña. El ejército sublevado intentó aislar Madrid  pero tuvo que desistir ante la denodada resistencia republicana, en un momento de honda reorganización de un ejército que contaba con la inestimable ayuda soviética.

Entrega de banderas a la mehal-la jalifiana de Tetuán, antes de la guerra.

Entre el 3 y el 15 de enero de 1937 tuvo lugar la tercera de estas batallas. Al mando del Ejército Reforzado de Madrid se hallaba el general Orgaz, quien contaba con unos 20.000 hombres. La mayor parte de ellos eran tropas coloniales, la élite de las fuerzas de choque de los sublevados. Entre ellos estaba un hombre joven emparentado con la familia Fournier, la dueña de la exitosa fábrica de naipes de Vitoria. Esta empresa se convertiría en la imprenta oficial de los sublevados durante el conflicto. Como premio a los servicios prestados, el régimen intercedió para que se hiciese con maquinaria de vanguardia en la Alemania nazi, lo que garantizó el monopolio de Fournier durante años.


El chaval se llamaba Jesús de Arjona Betegón y era teniente de la primera mehal-la jalifiana de Tetuán. Con razón el juego de las banderas de España editado por Fournier incluía la bandera del Protectorado de Marruecos con la media luna. Los moros ponían la carne de cañón. Pero no solo ellos. Este oficial fue una más de las víctimas que se cobró el intento del 6 de enero por llegar al kilómetro trece de la famosa carretera. Por su parte, las Brigadas Internacionales (Garibaldi, Thaelmann, Comuna de París, Edgar André) pagaron un duro precio en estos combates. Aunque los sublevados se hicieron con diez kilómetros de esta carretera, llegando a las casas de Puerta de Hierro, la ofensiva se detuvo ante la falta de reservas y el contraataque republicano posterior.


La historiografía militar española se ha centrado siempre en estas grandes batallas en donde parecía que se decidía todo. Este enfoque traslada la idea de que el resto de frentes se paralizaba. Y eso no era así, evidentemente. En los últimos años se ha recuperado la memoria de otras pequeñas batallas olvidadas. Nosotros mismos hemos excavado posiciones en escenarios secundarios del conflicto pero que también se cobraron su precio en sangre. Tras eufemismos tacticistas como rectificación del frente o labores de limpieza de bolsas de resistencia se esconde una realidad trágica y brutal. Mientras se combatía a las puertas de Madrid, también se hacía los mismo en las estribaciones de la cordillera cantábrica, en el Frente Norte, en el área de Espinosa de los Monteros. Allí tuvo lugar la conocida como batalla del Alto del Caballo y Mirador de Espinosa, intento franquista de recuperar esa cota estratégica que había sido ocupada por los republicanos en la Nochevieja. Aquí se lucieron los franquistas. Según parece, los soldados de la guarnición que defendía el alto estaban totalmente borrachos esa Nochevieja. Para acabar de rematarla, los Junker alemanes que aparecieron el día de Reyes bombardearon por error el centro del pueblo de Espinosa de los Monteros, en manos sublevadas.

(Fuente: Blog www.lasmerindadesenlamemoria.wordpress.com)

En el intento de recuperar el Alto del Caballo murió el alférez Augusto Arteaga. Gracias a los trabajos de investigación del historiador local Fernando Obregón sabemos exactamente lo que ocurrió ese día 4 de enero de 1937. En esa jornada murieron en la posición de La Herbosa (El Mirador), 2 alféreces (uno de ellos Augusto) y 3 soldados del Regimiento San Marcial, 4 miembros de las milicias de Falange de Burgos y 1 moro (citado así, sin nombre ni nada), asi como otro soldado del Regimiento 11º de Artillería en la posición de La Riva, y otro soldados en Quintana de los Prados. Según Fernando Obregón se contabiliza en total un mínimo de 12 muertos en las filas franquistas, aunque por testimonios orales se sabe que también cayeron otros muchos marroquíes, que tal vez no fueron inscritos en el Registro Civil de Espinosa por haber sido enterrados en las posiciones republicanas.

Tumba del alférez Augusto Arteaga.

Las tropas republicanas estaban dirigidas por el socialista Cecilio San Emeterio Latorre, presidente del sindicato de chóferes. Combatió hasta ser hecho prisionero en Gijón. Luego, se suicidó. Su mujer Amparo Eguía se exilió en Bélgica, en donde siguió militando en el sindicalismo socialista. Curiosamente, en el Alto del Caballo su marido luchó contra un falangista belga, Victor Vander Eyden, quien murió en combate al lado de Augusto Arteaga. También andaba por allí un finlandés anticomunista, el capitán Haartmann, que había sido instructor de la Centuria catalana de Falange. Como se ve, mientras en Madrid las brigadas internacionales combatían para defender la República, en Espinosa de los Monteros los franquistas también contaban con la ayuda de voluntarios fascistas europeos..
(Fuente: Blog www.lasmerindadesenlamemoria.wordpress.com)




jueves, 30 de marzo de 2017

Historia de un bidón

La lista de artefactos, tecnologías y tácticas que las fuerzas del eje y la Unión Soviética probaron en España es extremadente larga. Algunos de los elementos son bien conocidos: el bombardero medio Heinkel He-111, el bombardero en picado Stuka, los Panzer I, el uso del Flak-18 en tiro tenso y el bombardeo estratégico son algunas de las máquinas y tácticas que los alemanes probaron en la Guerra Civil. Hay otros objetos mucho más banales -pero no por ello menos importantes- que también se emplearon por primera vez en España.

Uno de ellos es el Wehrmachtkanister, el bidón de gasolina militar de 20 litros. No solo es un elemento icónico de la Segunda Guerra Mundial, si no que ha tenido un papel muy importante en este conflicto y su impronta llega hasta la actualidad. Muchos bidones siguen todavía reproducen el diseño del estampado metálico del famoso jerrycan pese a que se fabriquen en plástico. 

 En África los jerrycan son un elemento básico de la cultura material (c) Esther Havens.

Si bien el bidón usado en la guerra mundial se comenzó a producir en 1937, los orígenes del diseño pueden retrotraerse a inicios de los años 30. En esos momentos los ingenieros de la Wehrmacht desarrollan una lata de fabricación rápida y barata (dos láminas de metal estampadas), muy efectivo (porque era perfectamente estanco), fácilmente apilable y robusto. 
 


Los alemanes llevaron a España un número de latas de este tipo para uso de la Legión Cóndor. Algunas de ellas han aparecido recientemente cerca de Barcelona. Nosotros nunca hemos tenido ocasión de encontrarnos estos bidones en nuestras excavaciones de la Guerra Civil. Pero sí en otro lugar.Un lugar bien remoto, por cierto. En nuestras investigaciones arqueológicas en las ruinas del puerto de Bulhar dimos con dos Wehrmachtkanister ¿Dónde rayos está Bulhar, os preguntaréis? ¿Y cómo llegaron a parar allí? 

Ruinas de Bulhar
 
Bulhar se encuentra en la costa de la antigua Somalilandia británica, en la actualidad un país de facto independiente pero no reconocido por la comunidad internacional. La ciudad tiene una historia extremadamente corta: la funda el gobierno otomano de Egipto hacia 1870, en 1884 la ocupa el Imperio Británico y comienza a decaer durante la Primera Guerra Mundial, debido a la competencia con otros puertos, como Djibuti y Adén, y el final de la primera globalización. Para mediados de siglo XX era ya una ciudad fantasmal, en la que la presencia británica se limitaría a un puesto policial y un comisionado. En la actualidad, Bulhar es una impresionante ruina cubierta por las dunas y los espinos, entre los que apenas sobresalen algunos arcos de coral tambaleantes.  

Comienzo de un sondeo en Bulhar
 
Nuestras excavaciones se centraron inicialmente en una serie de edificios relativamente bien conservados en el este de la ciudad. Cual no sería nuestra sorpresa cuando al buscar un sitio para plantear nuestros sondeos dimos con un Wehrmachtkanister. Y luego otro. Y no unos Kanister cualquiera, sino latas empleadas por el Afrika Korps, nada menos: así lo revelaban los restos de camuflaje color arena (Sandgelb) todavía conservada. Aunque no sabemos a ciencia cierta como fueron a parar a Bulhar, podemos imaginárnoslo. 

Uno de los jerrycans de Bulhar


La Somalilandia británica fue conquistada por los italianos, que ocupaban la vecina Etiopía, en agosto de 1940. Fue la única victoria militar relevante de las tropas de Mussolini en el Cuerno de África. No es que fuera una gran hazaña, dado que este pedazo de desierto apenas se encontraba defendido por los británicos, que tenían cosas mejores que hacer (como evitar la invasión de su país por los alemanes). El caso es que la ocupación fascista duró poco. El Reino Unido la recuperaró en tres semanas, entre marzo y abril de 1941. Somalilandia se convirtió inicialmente en zona de tránsito para los prisioneros provenientes de la campaña de Abisinia y posteriormente en destino definitivo para muchos de ellos. La región se convirtió así, de la noche a la mañana, en un lugar habitado por decenas de miles de extranjeros -prisioneros, guardianes y administradores militares. Algunos de los presos italianos se emplearon en construir carreteras en los lugares más inaccesibles de la colonia. 

Evidentemente, la nueva población de Somalilandia necesitaba suministros: comida, combustible y armas. Y los británicos, enfrascados en una guerra mundial, no disponían de muchos medios. Sin embargo, las victorias aliadas en el norte de África entre 1942 y 1943 pusieron en sus manos gran cantidad de militar material y de otro tipo. Entre ellos, los preciados jerrycans ("latas boches"). Preciados porque eran de una calidad muy superior a los equivalente aliados, que se apresuraron a copiarlas. Somalilandia estaba relativamente bien comunicada con el norte de África por el Mar Rojo y el Canal de Suez, así que es comprensible que allí fueran a parar muchos materiales capturados al Afrika Korps y sus socios fascistas. 



La mayor parte de los habitantes de Bulhar ya no necesitan latas de combustible. Son pastores nómadas que llevan a pacer sus camellos y cabras entre las ruinas. Los Wehrmachtkanister son un arfefacto arqueológico y futurista al mismo tiempo. Un cuerpo extraño en la ciudad abandonada en el desierto.

lunes, 27 de marzo de 2017

La sombra de la guerra es alargada (3)

Lo que queda del monumento a los que murieron por ÉL 
en la cima del monte Isuskitza.

El conocido como Frente de Álava quedó establecido en el norte de la provincia, a escasos kilómetros de Vitoria-Gasteiz, en la confluencia con Bizkaia y Gipuzkoa. La Llanada Alavesa quedó en manos de los sublevados y los montes hacia el norte bajo control republicano. En este escenario, los golpes de mano y las acciones rápidas estaban a la orden del día. El ejemplo más claro lo encontramos en el monte Isuskitza, en Arrazua-Ubarrundia. Esta cota se eleva sobre el pueblo de Landa y su (entonces) estratégica estación del Ferrocarril Vasco-Navarro, en el paso natural entre la Llanada y el Alto Deba. Fuerzas republicanas y rebeldes se disputaron el control de esta cima entre septiembre y octubre. Además se trataba de un lugar que ya había sido una posición de guerra durante las Carlistadas del siglo XIX, algo a lo que no eran ajenos los requetés de 1936. La ofensiva republicana consiguió hacerse con esta cota, en cuya defensa perdió la vida el alférez Germán Bastida Pellicer. 

Tumba del caído en Isuskitza Germán Balastida Pellicer.

Pocos días después, el 8 de octubre, la 9ª Compañía del Requeté alavés y dos compañías del Regimiento de San Marcial emprendieron un ataque para recuperar el Isuskitza. Las boinas rojas y las afiladas bayonetas formaron parte de la épica posterior a lo ocurrido allí, que en realidad, fue un estrepitoso fracaso para los atacantes franquistas. Aquel día murieron 20 requetés, 42 soldados del San Marcial y hubo hasta 50 heridos. Este evento trajo consigo dos consecuencias. Por un lado, marcó el lugar como un repositorio de la memoria mártir del Requeté. Y por otro lado, demostró que la forma decimonónica de hacer la guerra a base de bayoneta y lucha cuerpo a cuerpo tendría que ser relegada estrictamente al ámbito de la propaganda. El alférez Germán Bastida y el capitán Fernando María Oriol de Urquijo (hijo de Oriol) fueron dos de los nombres recogidos en el monumento a los caídos que se erigió en la cumbre del Isuskitza durante el franquismo.


Esos días de octubre de 1936 fueron muy importantes para el devenir bélico de Euskadi. La Guerra Civil en el País Vasco estaba tomando un carácter distinto al que había tenido hasta entonces. Entre agosto y septiembre, las tropas sublevadas habían conseguido hacerse con la frontera francesa en Irún, tomar San Sebastián y avanzar por toda Gipuzkoa hasta llegar al Valle del Deba. Las fuerzas republicanas consiguieron detener el avance en Elgeta (Gipuzkoa) y en este intermedio ambos bandos se reorganizaron. Mientras el bando rebelde se volvía definitivamente franquista con el nombramiento de Franco como Generalísimo y emprendía la ofensiva contra Madrid, la República aprobó el Estatuto de Autonomía de Euzkadi y se formaba el primer Gobierno Vasco. Una de las primeras gestiones del recién creado ejecutivo fue la adquisición de armamento moderno, siendo los fusiles checos especialmente cotizados. Además, se ordenó la militarización de las milicias y se creó el Cuerpo de Ejército de Euzkadi, con batallones organizados en base a partidos y sindicatos. Entonces, ambos bandos procedieron a fortificar sus posiciones con trincheras y fortines. La planificación militar igualmente exigía la ordenación del frente en sectores y el control del paisaje, tanto físico como humano. A lo largo de otoño de 1936, ambos contendientes emprenderían intensas labores de fortificación, llegando a establecer un frente real, con varias líneas de ataque y defensa, rutas de abastecimiento y un control real sobre el territorio.


Mientras todo esto ocurría, el plan de reforma y ampliación del cementerio de Santa Isabel se paralizaba por las necesidades apremiantes impuestas por la guerra. Una de las pocas cosas que se llegó a levantar fue el monumental arco de la entrada, proyectado con la idea clara de satisfacer la moda a la que se había apuntado la gente de dinero: la conducción del cadáver en coche fúnebre. Uno de los primeros en estrenarlo fueron las víctimas del accidente aéreo que tuvo lugar en la rebautizada como plaza de España (antes de la República), en donde el aviador alemán Ekkehard Hefter se estampó con su Heinkel He 51 tras hacer el macarra por el aire el 28 de septiembre de 1936.

El avión de Hefter ardiendo en la Plaza de España.

Post by Josu Santamaria y Xurxo Ayán.




domingo, 19 de marzo de 2017

La sombra de la guerra es alargada (2)

Los inicios de la aviación militar en España fueron complicados: 
tumba de teniente fallecido en accidente de aviación en 1925.

Vitoria-Gasteiz se vincula estrechamente al desarrollo de la aviación española y a la guerra de Marruecos. Para conocer esa década de 1910 y 1920 aconsejamos vivamente la lectura de las memorias del vitoriano Ignacio Hidalgo de Cisneros, Cambio de rumbo, toda una joya bibliográfica trufada de análisis sagaces y un sentido del humor poco usual por estos lares. El recinto funerario de la familia recoge gran parte del siglo XX. La tumba de su hermano Fermín nos recuerda que éste falleció heroicamente en 1919 en un combate en unos peñascos rifeños. 

Tumba de Fermín Hidalgo de Cisneros.

El propio Ignacio combatió ametrallando desde el aire a las tropas de Abd-el-Krim. Pero no sólo eso. Él mismo reconoce en sus memorias que fue el primer aviador que utilizó medios químicos en una guerra colonial. Esta historia de la iperita sigue siendo un tabú que escuece a muchos historiadores militares patrioteros. La evolución ideológica de este hombre es muy curiosa; de ferviente republicano (como buen aviador) pasó a militar en el partido comunista, fue el jefe de la aviación del Ejército Popular y acabó en Bucarest emitiendo soflamas desde Radio Pirenaica. Con la vuelta de la democracia, sus restos fueron repatriados a su ubicación actual. La inscripción funeraria reza: HÉROE DEL PUEBLO ESPAÑOL.

Estela funeraria de Ignacio Hidalgo de Cisneros.

Los oficiales africanistas que hicieron carrera en la conquista del territorio rifeño fueron los directos responsables del golpe de Estado de julio de 1936. A algunos de ellos la asonada no les salió bien, sobre todo a aquellos que quedaron sitiados en sus cuarteles en contextos urbanos. En Barcelona, Agustí Centelles fotografió la toma de las calles por el pueblo en armas que derrotó a los militares que intentaban ocupar los centros neurálgicos de la ciudad. Uno de aquellos golpistas fracasados fue el general de artillería Justo de Legorburu Domínguez Matamoros, que ya había ascendido a coronel en 1931 por su méritos en el Rif. Tras resistir en el cuartel barcelonés de Sant Andreu, fue hecho prisionero. Corrió la misma suerte que Goded. Tras un juicio de guerra sumarísimo en el buque prisión Uruguay, fue fusilado por traidor a la patria el 1 de septiembre de 1936. En 1924 había publicado en Bilbao la obra Un problema nacional. La industria y la guerra.

Tumba de Justo de Legorburu: dio su vida por Dios y por España.

Mientras en otras zonas del Estado a estos golpistas les salía el tiro por la culata, en otras, como casi toda Álava, tardaron un santiamén en hacerse cargo de la situación. De hecho, la primera corporación municipal en constituírse en la España nacional fue precisamente la de Vitoria-Gasteiz. Se procedió de inmediato al desmantelamiento del Estado republicano, siendo detenidas las principales autoridades de la ciudad y de la provincia. Uno de estos hombres fue el empresario e industrial Tedororo González de Zárate, militante de Izquierda Republicana y alcalde de la ciudad. Fue detenido por requetés el 17 de septiembre de 1936 en su fábrica de hielos y gaseosas La Favorita.

Teodoro González de Zárate.

Tras meses de cautiverio fue asesinado en la masacre del puerto de Azazeta el 31 de marzo de 1937. La orden partió del propio general Mola que quería así asegurar a retaguardia el día que comenzaba la ofensiva sobre Bizkaia. Todo un aviso a navegantes y un preludio de lo que vendría después. La matanza de Azazeta causó estupor entre la propia gente de orden vitoriana. Las viudas de estos prohombres incluso se desplazaron a Burgos para trasladar su queja al Generalísimo. Por supuesto, no fueron recibidas.

Panteón familiar.