domingo, 21 de mayo de 2017

La ermita de San Pedro: una historia de azadas, picoteo y trabajo vecinal




La lucha con/contra los elementos. Camino de Uzkiano al monte San Pedro.



Son las 9:00 de la mañana y el Terrano de la universidad a duras penas consigue navegar entre los surcos de barro y agua del camino que sube a San Pedro. Hoy es sábado. 20 de mayo de 2017. Hace buen tiempo después de varios días con lluvias primaverales, buenas para crear charcos y malas como para regar decentemente el campo. Una pareja que parece buscar perretxikos mira con curiosidad cómo el todoterreno blanco, lleno de herramientas, comida y bebida, se atasca una y otra vez en el lodo. Finalmente, el cacharro consigue salir de la trampa y, esquivando vacas y terneros, llega por el viejo camino hasta el pie del monte San Pedro de Beratza. Es el octavo día de campaña arqueológica.  

Apenas unos minutos después, por el este, por el mismo camino que nos ha hecho sudar la mañanera gota gorda de los nervios y el atasco, aparece un tractor verde. Varios vecinos de Lezama lo flanquean a ambos lados. Pruden, vocal de la Junta, conduce la bestia mecánica y la aparca muy cerca del cercado de alambre, en plena frontera entre Lezama y Aloria. Del tractor bajan azadas, horquillas, hachas y tajamajas de las que no se venden en el Leroy Merlin. De la otra cara del monte, del oeste, comienza a llegar gente procedente “del otro lado” de la verja, de Aloria, del extinto municipio de Arrastaria. Mónica, alcaldesa del concejo, azada al hombro, nos cuenta que hace unos 8 años, cuando se cayó la cruz de la cima de San Pedro, vecinos y vecinas de Aloria, la recolocaron con ayuda de un “cura que tuvo narices de subir hasta arriba”, para terminar la jornada con una comida popular en la campa, junto al camino.



 Hoy ganan las chicas. Inicio del auzolan de limpieza del sábado 20 de mayo.

Nadie espera ningún discurso de bienvenida por parte del equipo arqueológico, ni ninguna arenga en favor del trabajo comunal. No hay que decir nada. Sólo el hacer vale para algo.

Entre dos caminos erosionadísimos de piedra, una pequeña jungla de zarzas y espinos nos aguarda. Unas estacas pintadas de amarillo son el único marco de referencia espacial que tenemos entre la vegetación. Ahí abajo están las ruinas de la vieja ermita de San Pedro de Beratza. 



Vecinos de Lezama y Amurrio frente a la espesura que cubre la ermita. 9:15 de la mañana.

El trabajo comienza y se suma cada vez más gente. Hacia las 10:30 somos ya una veintena de personas quitando la maleza que cubre este reducto casi olvidado de Historia Medieval y Moderna, en un proyecto de Arqueología del Pasado Contemporáneo. El equipo arqueológico se encarga de ir preparando la mesa con la bebida y la comida que debe acompañar a todo trabajo comunal o auzolan. Además, la labor que se estimó debía durar cuatro horas, está casi concluida al de una hora y media. La convocatoria ha sido un éxito y el esfuerzo colectivo de decenas de manos arrancando vegetación hacen que veamos algo que hace mucho que está oculto: el conjunto edificado, aunque en ruinas, de esta ermita jurisdiccional

 El auzolan con una veintena de personas a pleno rendimiento. 10:43 de la mañana.

Como Pruden nos contó hace unas semanas en el txoko de Lezama, en las Ordenanzas del siglo XVI, los vecinos de esta entidad debían pagar fielatos a la ermita. En el siglo XVII, un matrimonio de ermitaños pasó un tiempo a la sombra, en la cárcel de Arrastaria, debido a sus deudas. El cercano paso de La Barrerilla, hoy la principal carretera que une Vitoria y Orduña, ganó la batalla a este camino medieval, con la crisis que ello supuso para este hito territorial. En 1757, la ermita de San Pedro ya estaba en ruinas.

Sin embargo, en 1937, la memoria acerca de este lugar permanecía viva, en tanto que fue un espacio para la muerte y la destrucción en la ofensiva franquista sobre San Pedro del 26  de mayo. Algunos partes de heridos republicanos hablan de las bajas sufridas en la “ermita de San Pedro”. La principal línea de trinchera del sistema defensivo parece que aprovechaba de algún modo esta preexistencia, ya de carácter arqueológico en aquel momento. 



 Ubicación de la ermita en el sistema defensivo republicano de 1937 de San Pedro.

Con la cobertura vegetal mucho más despejada, se aprecia un gran recinto, con amplios derrumbes bajo la hierba y la tierra superficial y con un posible ábside en el lado noreste. Algunas otras oquedades nos hacen pensar en posibles anexos de la capilla o tal vez en estructuras reutilizadas en la Guerra del 36. Aún no lo sabemos. En un taller improvisado de Arqueología en campo, dos chavales, Asier y Mikel, hacen las fotos con jalón “para el informe”. Alguno se anima a venir un día de la semana siguiente a echarnos una mano en al excavación.

  Imagen superficial del espacio de la ermita, con el fortín republicano 
que excavamos el octubre pasado al fondo (foto: Asier).

Para acabar, con el vino, el queso, la cerveza y los embutidos tampoco nadie espera un gran discurso ni tampoco un brindis al uso. Simplemente, se pregunta si es necesario continuar con la labor en un área ampliada y, en caso de no serlo así, se pone fin al trabajo del día. Azadas, tajamajas y hachas al hombro y cada vecino o vecina pone rumbo a su pueblo, por los diferentes caminos que convergen y divergen de San Pedro. Durante meses, hemos hecho el mismo camino, aunque con el proyector al hombro y el Power Point en la cabeza, con el objetivo de dar a conocer el trabajo arqueológico en varias barferencias por la zona. Ese trabajo ha tenido una respuesta igual o más cálida. Por eso, sólo nos queda agradecer sinceramente a quienes se acercaron este sábado al auzolan de limpieza de la ermita de San Pedro. 



Foto de grupo final, con las y los últimos supervivientes del auzolan.



 Cartel de la Jornada de Puertas Abiertas del próximo sábado, 
27 de mayo, en el monte San Pedro.

Ahora, nos toca a nosotras y nosotros, al equipo que trabajamos en las trincheras y fortines, de lunes a viernes, de 9:00 a 18:00, responder a este acto de empoderamiento patrimonial. En ese sentido, os convocamos a tomar parte en la Jornada de Puertas Abiertas que estamos organizando para el próximo sábado, 27 de mayo, 80º aniversario de la resistencia en el monte San Pedro, en la que rendiremos cuentas. Además, el grupo de recreación Lubakikoak nos hará imaginar la vida en las trincheras, enfundándose en los hábitos de un pasado de conflicto.

Eskerrik asko gurekin gogoz eta atseginez lan egin duzuen guztioi! Mila mila esker!

Post by Josu Santamarian Otaola.

The 2017 field season in Madrid

 The ruins of the university hospital in 1937. Archivo Rojo.

This year we are returning to Madrid for another round of archaeological work. We will be excavating at the Moncloa campus, near the university hospital, where some of the fiercest combats took place during the battle for the capital (8-23 November 1936). This was the part of the frontline where the Nationalists came closer to the heart of the city. It was also the scenario of one of the first truly urban battles of the twentieth century, with soldiers fighting building by building, room by room, armed with grenades, bayonets and pistols. Scenes that would be common during the Second World War (in Stalingrad or Berlin), in later wars (Hue in Vietnam), and still today (in Gaza, Aleppo or Raqqa). The university hospital became a symbol of stubborness and defiance for the attacking troops. It is perhaps for this reason that the Republican forces were asked to surrender precisely there in 1939. 

The hospital was reconstructed after the war and serves as a medical center still today. It is thus impossible to excavate it. But a garden lies at its feet that once had many pavillions and structures that were used as parapets and shelters during the war. They belonged to the Asilo de Santa Cristina, a nursing home for orphans and the elderly built in 1895. They were heavily damaged by the combats and demolished after 1939. 

 Photo of one of the Santa Cristina buildings in front of the hospital during the war. 
(c) Fernando Calvo González de la Reguera and El Hotel de Sudance.

The place is now planted with pine trees, but here and there it is possible to see construction debris (tiles, bricks, concrete), some sherds of whiteware, glass, even the odd bit of shrapnel. History is waiting for us under the surface. We will excavate several test pits to see whether anything remains of one of the buildings, which was used as a mess hall during the war (image above). It was next to this building where the Republican command surrendered the 28th of March 1939.

In this same area we can see one of the most dramatic remnants of the conflict on campus: a large crater created by the explosion of a mine. The hole was so huge that it was used as a field hospital during the war and as a shelter by homeless people afterwards. We will also dig here.


Map of the university hospital and the Asilo de Santa Cristina during the 
war, with trenches and mines.

The campus has still plenty of suprises to offer to those interested in the history of the Spanish Civil War and the history of twentieth century conflict in general. We will be exploring its secrets during the month of July. Follow us and share the excitement of discovery!

martes, 16 de mayo de 2017

Monte de San Pedro: el retorno

Excavación del suelo de ocupación del sector 2.

El despegue industrial de Vitoria-Gasteiz en la década de 1950 atrajo a numerosa mano de obra inmigrante, procedente de otras zonas del Estado. En aquellos tiempos se acuñó el término coreanos, en Euskadi (pero también en Asturias y otros sitios) para referirse a estos nuevos habitantes. En la capital alavesa se empleó también el término de cacereños, algo parecido a lo que ocurre en Argentina, en donde todos los españoles son considerados gallegos. Lo de cacereño da una idea del peso de esta provincia extremeña en el ciclo migratorio de aquella época. De los centros étnicos de Vitoria-Gasteiz quizás el Centro extremeño (cacereño en verdad) sea uno de los que goza de mejor salud, con su sede en el barrio obrero de Zaramaga.
José Señorán es un arqueólogo de Montehermoso (Cáceres) que está poniendo su grano de arena en el estudio y recuperación patrimonial del monte de San Pedro. Aquí lo vemos desbrozando las trincheras y fortines de los roturos de San Pedro. La estampa no deja de ser épica. También nos recuerda aquella canción del grupo orensano Los Suaves:  Las vueltas que da la vida, el destino se burla de ti, ¿dónde vas,, bala perdida, dónde vas triste de ti?

José con la desbrozadora en los roturos de San Pedro.

Urko ha subido a nuestros excavaciones del monte de San Pedro para hablarnos de su abuelo. Oriundo de Lezama, el abuelo se enroló en el batallón Araba y luchó aquí. El aitite hablaba poco de la guerra, pero cuando lo hacía era para recordar lo duro que fue el invierno en las trincheras que estamos excavando. Más bien reexcavando, porque fue aquel soldado uno de los que hicieron estas estructuras y se cobijaron en estos minirefugios subterráneos, excavados en la roca, que estamos exhumando. El abuelo de Urko se entregó en Santoña y allí, en el penal de El Dueso, inició un periplo penitenciario que lo llevó a un campo de redención de penas en Canarias. Finalmente, la intercesión de un alférez del Ejército nacional le permitió conseguir la libertad.


El abuelo de Urko descansaba en primera línea en estos cubículos 
excavados en el lapiaz, en la pared de la trinchera.

Hemos iniciado esta segunda campaña en el monte de San Pedro excavando el suelo de ocupación del tramo de trinchera ubicado en el sector de Aloria. Jano y Xabi van documentando los materiales arqueológicos: casquillos de fusil checo, cable enrollado de cobre, la anilla de una granada polaca... El sedimento limoso y el sustrato calizo han permitido conservar incluso materiales textiles, como un fragmento de la tela de un saco terrero. Jano es un arqueólogo de Boiro, en la ría de Arousa. Es descendiente de aquellos marineros gallegos cenetistas que huyeron a Pasaia por mar y se enrolaron en el Ejército de Euzkadi, integrando los batallones Celta y Bakunin. El Batallón Bakunin es uno de los que combatió precisamente aquí, en los montes Txibiarte, Sobrehayas y San Pedro. Xabi es historiador, arqueólogo y recreador, de la margen izquierda de la ría de Bilbao, descendiente también de emigrantes cacereños. Él está ya preparando unas entradas para este blog en las que se explican con todo detalle las vicisitudes de este Batallón Bakunin por estos lares.



Uxue sube al monte con su perra y su makila desde el caserío Urrutia, en Lezama. En esa casa tienen auténtica devoción por la historia y la genealogía. A raíz de nuestro proyecto, los Urrutia se han puesto a revisar una vez más la documentación, y han encontrado la carta oficial del Gobierno de Euzkadi en la que se ordenaba la evacuación del caserío en marzo de 1937. Esa evacuación fue trágica, porque el bisabuelo de Uxue pereció en ella. Los bueyes se pusieron nerviosos al llegar a un lugar desconocido para ellos, se revolvieron y empotraron al dueño contra la pared. Este recuerdo nos habla del impacto del conflicto en la población civil de retaguardia, la misma que sostenía el esfuerzo de guerra en el frente (voluntaria y/o obligadamente).



Nos sigue impresionando el vínculo entre paisaje y comunidades en esta zona de Araba. Hemos excavado en muchos frentes pero nunca nos habíamos encontrado algo así. Hay sitios en los que nadie visita nuestras excavaciones. Simplemente no interesan. Hay otros en los que la política local impone el silencio y el desdén. A estos parajes suben los habitantes de los pueblos de alrededor y nos cuentan sus historias familiares, aportan información y todos reconocen la importancia de recuperar este lugar de memoria en donde combatieron unos y otros.