viernes, 24 de noviembre de 2017

La guerra total en tu aldea (I)

Nido de ametralladoras de piedra en Menea (Zigoitia, Araba).

Hemos tenido dos inviernos muy cálidos, pero éste pinta más cabrón.

Nos juntamos una buena cuadrilla de personas bajo robles que ya empiezan a perder su traje de hojas. El campo adquiere tonos cada vez más pardos y tristes. El cielo gris y plomizo avisa, pero no llega a romper.
El pasado sábado, 18 de noviembre, dentro de las excursiones mensuales que organiza la asociación etnográfica local Abadelaueta de Zigoitia (Araba/Álava), llevamos a cabo una pequeña ruta por las fortificaciones franquistas que conforman la línea Zestafe-Nafarrate, en el límite con el municipio de Legutio. En octubre de 1936, Camilo Alonso Vega, principal líder militar de la sublevación en la provincia, envió al Regimiento de Caballería del Numancia a esta zona con el objetivo de cerrar este hueco frente a las posiciones republicanas de Ubidea y Otxandio.
El paisaje que nos rodea en esta zona es adehesado, plagado de quejigos, con encinas y algunos robles. Las colinas se tropiezan unas con otras como en un mar de dunas. Muchas de estas elevaciones ni siquiera tienen nombre: Cota 687, Cota 677… Nomenclatura militarizada para un paisaje rural. Algunos lugares, en cambio, sí que se han guardado en la memoria, como el despoblado medieval de San Juan de Menea, desaparecido (y no hallado todavía) desde el siglo XII.
El punto de partida de la visita es el pueblo de Zestafe, que junto a Okoizta/Acosta, sufrió los rigores de la Batalla de Villarreal (noviembre-diciembre de 1936), la única gran ofensiva llevada a cabo por el Ejército de Euzkadi en la guerra. Las marcas del conflicto son visibles en el campanario y su arreglo chusquero de cemento, así como en las campanas tipo colador con decenas de agujeros de bala. En el interior de la iglesia de Zestafe, frente al confesionario, manchas oscuras recuerdan la sangre derramada aquí. Las vecinas del pueblo, verdaderas gestoras del bien común histórico de la iglesia –al igual que en otros lugares del Reino de España–, han intentado lavar estas marcas, pero no salen con nada.

Marcas de guerra en la iglesia de Zestafe.

La visita continúa por la loma de Iñerbas, en la que se erige una cruz en homenaje al alférez de caballería Alejandro Linati Bosch, el primer caído de la Batalla de Villarreal:

“IN MEMORIAM / ALEJANDRO LINATI BOSCH / ALFEREZ DE NUMANCIA / 30 DE NOVIEMBRE DE 1936”.

Esta cruz recuerda la muerte de este abogado barcelonés, un joven miembro de la oligarquía catalana que frecuentaba el Círculo Ecuestre y que escapó de Barcelona en cuanto milicianos y milicianas anarquistas se hicieron con las calles. Se reunió con su familia en Italia y posteriormente regresó a España, a zona sublevada, alistándose en el Regimiento de Caballería del Numancia de Vitoria. Linati Bosch murió cuando la columna republicana de Cueto avanzó por esta zona, en su determinación por intentar alcanzar Vitoria. Familiares del alférez han venido aquí durante décadas para recordar al abogado.

Inscripción en la base de la cruz del alférez Alejandro Linati Bosch.

Como hemos visto, la Historia Social no engaña: abogado en los años 30, aficionado a la hípica y con contactos en la Italia fascista… La sociología de la conspiración contra la República estaba llena de gente ilustre. Las buenas familias y su temor a la rebelión de las masas. No es extraño que Galíndez, miembro del PNV en el Madrid republicano e igualmente miembro de la burguesía letrada, definiese así la Guerra Civil: una lucha entre dos concepciones distintas de la vida: de un lado estaban los que lo tenían todo y aún querían más, y de otro los que nada tenían y querían algo.
La visita continúa por estas cotas militarizadas, surcadas por cicatrices de trincheras y con sólidos blocaos para su defensa. La variedad tipológica de estas arquitecturas de guerra es interesante: encontramos nidos de ametralladora blindados de forma cúbica, galerías de fusileros, fortines de troneras en dos alturas… La materialidad es diversa y se pueden diferenciar dos grandes tipos de estructuras en base a su material de construcción: aquellas construidas en lastras de piedra con poco cemento y de forma rudimentaria, y, otras hechas en hormigón, con buenos encofrados de madera y sacos terreros. Podemos conjeturar que se trata de cronotipologías diferenciadas: conjuntos tecnológicos diferentes que nos hablan de un periodo concreto en el proceso evolutivo de la guerra. Tal vez las estructuras de piedra sean anteriores a la Batalla de Villarreal, cuando el Numancia ocupó la zona en octubre de 1936, y las realizadas en hormigón, posteriores a la batalla, cuando se produjo la verdadera solidificación del frente, entre enero y marzo de 1937. En cualquier caso, de momento no podemos confirmar esta hipótesis.

Visiones del Otro. Vista de un croquis franquista sobre
 las posiciones del campo enemigo, el frente republicano.

Los croquis militares del Ejército de Franco nos sirven de guía en este paisaje pastoril. Vecinos y vecinas de Zigoitia tienen ahora por fin acceso a esta documentación en la que aparecen sus casas, sus campos y su cosmogonía territorial, fagocitada por la guerra total. A las autoridades militares poco les importó que uno u otro lugar se llamase de una determinada manera o que un determinado árbol tuviese un significado profundo como punto de reunión de pastores. La maquinaria de guerra leía el paisaje de otra forma. La guerra total veía recursos y no sujetos ni objetos con carga simbólica.
Por suerte, en este proyecto de Arqueología de la Guerra Civil y socialización del patrimonio en Euskadi abogamos por el llamado empoderamiento patrimonial. Esto es: que la comunidad local sea el principal agente de conocimiento, difusión y cuidado de su bien común. En ocasiones no es necesario que la Universidad intervenga. La sociedad civil hace tiempo que se puso las pilas y en esta línea fortificada de Zestafe-Nafarrate tenemos un ejemplo buenísimo.

Blocaos franquistas recuperados por vecinos y vecinas de Zigoitia.

Cada año, vecinos y vecinas de la zona limpian la vegetación de estas fortificaciones y reclaman su conocimiento y difusión, por ejemplo, mediante la creación de un sendero señalizado. Después de 80 años, entre estas Cota 677 y Cota 652, parece que avanzamos hacia una verdadera desmilitarización del paisaje, paradójicamente, señalando unas estructuras bélicas. Aunque hay un aspecto destacable crucial: su conocimiento y gestión locales hacen que sean verdaderos bienes comunes. En las aldeas alavesas, nos reapropiamos de aquello de lo que la guerra total nos despojó hace décadas.


Continuará… 

Post by Josu Santamarina Otaola (GPAC, UPV/EHU).

jueves, 2 de noviembre de 2017

Más allá del fortín

Fotografía aérea de finales de la guerra en la que se aprecian las distintas estructuras que componían la posición franquista del Olivar de Veliso en Brunete.

En su estado actual, muchos de los búnkeres de la Guerra Civil parecen atalayas solitarias. Pero esta es una imagen engañosa. La mayor parte de ellos formaban parte de complejos sistemas que incluían además de los propios fortines, una variedad de espacios logísticos, de comunicación y de vida (almacenes, cocinas, abrigos de tropa, polvorines, viviendas catenarias, refugios antibombardeo, caminos cubiertos, centros de transmisiones, etc.). 

Así sucede también con los fortines que estudiamos en Brunete. En el caso de la estructura del Olivar de Veliso se han conservado toda una serie de elementos en los alrededores de los nidos de ametralladora gracias a que el terreno no se ha cultivado ni construido. Durante los últimos días hemos realizado sondeos en algunos de estos elementos para tratar de comprender mejor el complejo militar del que formaba parte el fortín.

Los resultados han sido muy interesantes. Aunque en superficie no se ve mucho actualmente, durante la Guerra Civil el terreno situado al sur del fortín se encontraba lleno de estructuras negativas (es decir, excavadas en la tierra), que se comunicaban con los búnkeres mediante una trinchera. Lo sabemos porque en las fotografías aéreas tomadas hacia el final del conflicto se aprecian la zanja de comunicación y las remociones de tierra que parecen refugios. El motivo para la elección del lugar es evidente: se trata de una hondonada ubicada a espaldas de los fortines, junto al cauce de un arroyo estacional, y por lo tanto un espacio bien protegido naturalmente.

Nuestros sondeos han puesto al descubierto dos estructuras.

La primera de ellas es un refugio de tropa que excavamos en su totalidad. Se trata de una típica estructura rectangular excavada en el sustrato con unas escaleras de acceso talladas también en el estrato natural.Pero en realidad no es una estructura tan típica. Da la impresión de que en un momento dado el refugio cambio de uso. Para su nueva función excavaron parcialmente una de las paredes con el objetivo de crear una especie de repisa. Sobre esta repisa encontramos una mancha de quemado y muchos clavos. 

La posible cocina. 


Nuestra hipótesis es que el espacio se transformó en cocina y la zona quemada era el hogar sobre el que se preparaba el rancho. Desgraciadamente la estructura estaba muy limpia y prácticamente no aparecieron restos de la guerra. Pero la interpretación como cocina es más que probable. De hecho, por la documentación sabemos que había una en el Olivar de Veliso, en cuyo entorno estuvo ubicado, además, el centro de mando de la posición antes de que se trasladara a la zona fortificada del alto.

En nuestro segundo sondeo dimos con una bifurcación de trincheras. Se trata seguramente de dos zanjas de circulación que permitían evacuar las posiciones (o acceder a ellas) por la zona del arroyo. En este caso sí dimos con bastante material: un zapato, una placa de cinturón militar, varios botones y munición de Máuser, que confirman la idea de que nos encontramos en la zona de vida de esta posición. Sin embargo, casi nada apareció sobre el propio suelo de la trinchera. La mayor parte de los objetos nos los encontramos en el potente relleno que colmataba las zanjas.


Bifurcación de trincheras.

Colmatación natural de la trinchera. 

Las trincheras y abrigos del Olivar de Veliso nos recuerdan el ingente esfuerzo constructivo y logístico que implicaba la línea de frente durante la Guerra Civil. Lo que hoy es un paraje más o menos rural o suburbano, hace ochenta años era un paisaje totalmente militarizado en el que pululaban hombres, máquinas y armas. En conclusión, los fortines son interesantes, pero lo son mucho más cuando ampliamos el zoom y entendemos el contexto del que forman parte.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Soldados de Cristo


Muy cerca del fortín que excavamos en Brunete nos encontramos una medalla de plata. En ella se puede observar, en una cara, a Jesucristo bendiciendo a un grupo de soldados que visten corazas al estilo del siglo XV o XVI y en la otra a dos soldados ataviados de la misma manera frente a una estatua de la Virgen con el niño flanqueada por dos ángeles. En la primera cara se lee Labora sicut bonus miles Jesu Christi y en su reverso Imitatores Dei estote sicut et ego Christi

Son palabras de San Pablo. Las primeras proceden de la segunda epístola dirigida a Timoteo (2:3): "Esfuérzate como un buen soldado de Jesucristo"; las segundas se encuentran en la primera carta a los corintios (11:1): "Sed imitadores de mí, como yo de Cristo". En la epístola a Timoteo, Pablo adivina su final: "a mí ya me sacrifican, y el tiempo de mi partida está cercano" y recuerda que todos los que quieran seguir a Jesús sufrirán persecuciones. Son frases que encontraban eco en el contexto de la brutal persecución religiosa que se desató en España durante la guerra.

La carta a los corintios, por su parte, recoge recomendaciones a esta comunidad cristiana y cuenta con algunas de las afirmaciones más machistas de Pablo de Tarso. Bajo el epígrafe que cita la medalla, continúa el apostol diciendo "Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios, la cabeza de Cristo. Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, deshonra su cabeza. Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, deshonra su cabeza, porque lo mismo es que si se hubiese rapado". También resuenan estas palabras con los tiempos de la guerra y el regreso a los valores patriarcales más reaccionarios que supuso el franquismo.

En todo caso, el mensaje de la medalla tiene que ver con el sacrificio que se espera a los que defienden la fe, que aparecen representados como guerreros medievales. Esos soldados del catolicismo eran el ideal de José Antonio. El fundador de la Falange esperaba de sus seguidores que fueran "mitad monjes, mitad soldados". Los monjes guerreros enlazaban con las gestas de las órdenes militares y al mismo tiempo encarnaban los valores jerárquicos y castrenses del falangismo: obediencia, disciplina, valor y desprendimiento.

Otro elemento importante en el falangismo es la imitación de Cristo. Muchos de los luchadores en el bando franquista eran devotos de la obra de Tomás Kempis, un asceta alemán de la Baja Edad Media conocido por su pensamiento místico y anti-intelectual. Su obra se titula precisamente Imitadores de Cristo y marcó a generaciones de españoles desde finales del siglo XIX, momento en que comienza a gozar de un particular éxito como parte del giro conservador del catolicismo -asediado por el progreso de la ciencia. En La Regenta (1885), Clarín presenta a Víctor Quintana, el marido de la protagonista, como lector asiduo de Imitadores de Cristo y dice que "poco a poco Kempis fue tiznándole el alma de negro". Con ello se refiere a la visión sombría y ascética de la vida terrenal.

El "Kempis" era, también, una de las lecturas preferidas de José Antonio Primo de Rivera. La influencia en su pensamiento es evidente: Certa tamquam miles bonus, ordena el santo, "lucha como un buen soldado". En su caso tiene un carácter metafórico: la lucha es contra las tentaciones. Para los falangistas, en cambio, la fe y la violencia son perfectamente compatibles. 

No solo para los falangistas. Acción Católica también recurrió a la imagen del soldado de Cristo. El Padre Acuña escribe en su Apostolado Seglar, publicado en 1940: "Cuando vemos que todo se derrumba, familia, Estado, sociedad, entonces es cuando los católicos debemos enrolarnos en las filas de esta Cruzada santa de la Acción Católica para luchar 'sicut bonus miles
Christi' 'como buenos soldados de Jesucristo', por los sagrados intereses de Dios y de la Patria". 


El Padre Acuña olvida que los intereses de la Patria no son competencia de los católicos en tanto que tales. Que se derrumbe el Estado no les incumbe. Al menos mientras no se prohiba el culto, cosa que nunca sucedió en la España republicana antes del 18 de julio: "Devolved al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios"  (Marcos, 12, 13-17). De hecho, Unamuno ya había escrito un texto durante la Revolución filipina (1896-1898) recordando que, desde un punto de vista estrictamente evangélico, los curas no debían delatar a aquellos filipinos católicos que defendieran la insurgencia contra España. Lo que debían cuidar era de sus almas, no de su credo político.

Desgraciadamente los soldados de Cristo de la Guerra Civil eran más de Máuser que de Unamuno. Las medallas religiosas y las balas, los crucifijos y la metralla son la prueba arqueológica de esta mezcla letal de fe y de violencia.

lunes, 30 de octubre de 2017

En el valle de las rosas

Hoy he entendido porque esta zona en la que trabajamos se llama Los Rosales. En los cauces de los arroyos, secos durante la mayor parte del año, crecen rosas silvestres. Estamos en otoño, así que no se ven flores, pero sí  escaramujos -el fruto del rosal- que son de color rojo intenso.

En enero de 1939 no debía quedar un solo arbusto en los cauces, machacados por la artillería franquista y pisados por las botas de miles de soldados republicanos. Los arroyos se utilizaron a modo de trincheras de circulación para llegar al frente -al matadero más bien. Y de hecho, parece que su cauce está modificado para facilitar el movimiento de tropas. Por estos ríos-trinchera bajaron como un aluvión los heridos desangrándose, los soldados desmoralizados, los muertos arrastrados por sus camaradas.


En los cauces encontramos cartuchos perdidos y balas pero sobre todo metralla, proyectiles de artillería y granadas de mortero: las que hostigaron a los republicanos en retirada y se cobraron más víctimas entre los ya vencidos. Un proyectil de Schneider de 77 mm sale prácticamente entero. La metralla de 75 mm es ubicua, como los trozos de Valero de 81 y 50 mm.  



En los escenarios de la Primera Guerra Mundial se dio un fenómeno curioso. Después de los combates, el paisaje lunar se cubría de amapolas. El campo de batalla removido una y mil veces por las explosiones se convirtió en un terreno ideal para las flores. De hecho, algunos botánicos hablan de "flora obsidional" para referirse a la vegetación que surge en los paisajes de guerra industrial (de obsidio/obsidionis en latín: "cerco", "asedio"). El poema In Flanders fields de John McCrae (1915) consagró a las amapolas como metáfora de la sangre vertida en las trincheras: 
"En los campos de Flandes vibran las amapolas
entre las cruces, hilera tras hilera,
que marcan nuestro lugar, y en el cielo
la alondra aun canta y valiente vuela
apenas audible bajo los cañones.

Somos los muertos. Hace pocos días
vivíamos, sentíamos el alba y el ocaso,
amábamos, nos amaban y ahora yacemos
en los campos de Flandes".
Los británicos recuerdan a sus caídos en la Primera Guerra Mundial con la amapola. Es su símbolo de la memoria. Para el poeta de origen judío Paul Celan la amapola representa más bien la posibilidad de  la vida tras el trauma de la violencia -su familia fue exterminada por los nazis. "Es hora de que la piedra se apreste a florecer" escribe en su poemario Amapola y Memoria (1952). Es hora de que se abracen la vida y la memoria.

La rosa silvestre es nuestra amapola. No es una flor fácil. Uno se enreda en los rosales cuando trata de moverse por el cauce, los aguijones se agarran a la ropa como colmillos y cuesta librarse de ellos. Por eso se le llama rosa canina, por sus espinas como dientes. Al intentar separarlas, se clavan en los dedos. Y duele.

domingo, 29 de octubre de 2017

Los tanques malditos


Proyectil de 37 mm. En este proyecto desaconsejamos vivamente el uso de proyectiles antitanque como adornos navideños.

El primer día de excavación en Brunete se acercó al fortín un vecino de la urbanización de Los Rosales. Nos trae algo que ha encontrado en el campo. El no lo sabe, pero es un proyectil de 37 mm. Sin detonar y con su carga explosiva. Lo disparaba el antitanque alemán Pak 36, utilizado por el ejército franquista.

Ni el vecino de Brunete ni nosotros eramos conscientes en ese momento, pero lo que teníamos en las manos era la huella material de una historia que acabó con una condecoración y muchos muertos.

El día 13 de enero de 1939 la ofensiva republicana comienza con un nutrido apoyo de carros de combate. Sabemos por una orden emitida dos días antes que el cuerpo de ejército de maniobra disponía de 10 T-26 y otros tantos autos blindados. Ocho de los tanques atacan las posiciones 18, 19 y 19bis que forman parte del centro de resistencia II, que se encuentra en el Olivar de Veliso, es decir la zona en la que estamos excavando en este momento. El primer problema es que se escoran demasiado hacia la izquierda, probablemente por la espesa niebla que cubre el campo de batalla, y dejan totalmente desprotegida a la infantería que los acompaña.

El segundo problema es que en la posición 18 se ubica un cañón antitanque particularmente letal. 

Localización de un antitanque (signo en forma de T invertida) en las proximidades de la posición que excavamos, según un plano realizado por el ejército franquista un mes antes de la ofensiva republicana.

Aunque algunos T-26 consiguen aplastar las alambradas que rodean las posiciones sublevadas, el fuego del Pak 36 y las botellas de líquido inflamable acaban con siete de los ocho carros que iniciaron el ataque. El protagonista de la jornada es el cabo artillero Elicio Correa Correa, que recibirá la medalla militar individual por sus acciones durante este día. Según la descripción que recoge el BOE en que se condecora a Correa, el artillero, en ausencia del sargento que debía comandar la pieza,
"logró destruir cinco tanques rojos entre el gran número de los que  empleaba el enemigo, gracias a su rápido y certero fuego, contribuyendo de esta manera a evitar la ocupación de la posición número 18 y a la desmoralización del enemigo por tan gran desastre. La pieza que disparaba estaba localizada por los carros rojos, como lo demuestra el número de disparos que cayeron alrededor de la misma".
En el resto de las posiciones franquistas (20 a 22bis) el avance republicano, en este caso sin apoyo de tanques, lo frenan en seco las ametralladoras, que causan un gran número de bajas.


Elicio Correa Correa falleció en Santa Úrsula, Santa Cruz de Tenerife, el 20 de septiembre de 2001 a los 88 años de edad. Dejó mujer y siete hijos.

190 soldados republicanos no tuvieron tanta suerte. Perdieron la vida, la guerra y la batalla de la memoria. 190 muertos anónimos se quedaron en la tierra encharcada de Brunete el día 13 de enero de 1939.
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Muchas Gracias a Luis Antonio Ruiz Casero y Julián Dueñas por la información de archivo que ha permitido redactar la entrada y a Xurxo Ayán por el plano de la 20 División.

sábado, 28 de octubre de 2017

Los últimos tiros de la Guerra Civil

Munición localizada frente al fortín de Brunete: 1-3. Casquillos de Mosin; 4. Bala de 9 mm; 5. Bala de 7,92 mm; 6. Bala de 8 mm Lebel; 7-8. Balas de 7 mm españolas.

La Guerra Civil no acabó con una gran ofensiva ni una batalla épica. Los últimos meses de la guerra fueron más que nada un anticlímax de ejércitos republicanos en desbandada, traiciones, luchas internas y ataques sin ímpetu. El último gran enfrentamiento bélico del conflicto fue la Batalla de Valsequillo o Peñarroya, una ofensiva republicana que se desarrolló en la provincia de Córdoba y Badajoz entre el 5 de enero y el 4 de febrero de 1939. Los republicanos sufrieron unas 12.000 bajas totales y no lograron su objetivo: frenar o retrasar el avance franquista sobre Cataluña, que cayó seis días después del final del ataque.

Valsequillo, sin embargo, no fue la única maniobra ofensiva del Ejército Popular en aquellos momentos. Otra la protagonizó el Ejército del Centro en el sector de Brunete. Bajo las órdenes del Coronel Segismundo Casado, el día 13 de enero de 1939 comienza el asalto contra la 20 División franquista de un cuerpo de ejército de maniobra, creado expresamente para la ocasión. La ofensiva se inaugura a las 7:30 de la mañana con un intenso bombardeo de las posiciones enemigas. A continuación, los soldados republicanos salen de sus trincheras y avanzan hacia el enemigo con el apoyo de tanques.

De estos combates tenemos abundantes huellas arqueológicas en el fortín que estamos excavando y su entorno, en el Olivar de Veliso. El búnker en sí debió de ser construido después de la ofensiva, quizá como respuesta a ella. Pero la posición existía previamente y fue testigo de los combates. Dan fe de ello las docenas de casquillos y cartuchos que nos hemos encontrado hasta la fecha, fundamentalmente de 7 mm español y 7,92 mm alemán y checo, también algún Lebel. La munición más empleada es la alemana, que es la que aparece con más frecuencia percutida. También hay restos de proyectiles de artillería, mortero y proyectiles antiaéreos y antitanque. No se escatimó en recursos.

La prospección que realizamos delante del fortín, buscando las posiciones republicanas, ha sido particularmente fructífera. Dimos con lo que podría ser el punto de partida del ataque en este sector, según parecen revelar numerosos casquillos y cartuchos de Mosin y casquillos de Lebel y pistola. También encontramos balas entrantes de Máuser alemán y de Lebel disparadas desde la posición que excavamos. Estas últimas revelan la captura de material republicano por los franquistas, cosa habitual a estas alturas de guerra.

También han aparecido varias granadas. Pertenecen sobre todo al modelo Ferrobellum, una granada ofensiva de fragmentación que tenía un mango para arrojarla más lejos. 


La ofensiva duró dos días. El día 16 de enero Casado comunica su finalización. La infantería republicana ha realizado dos intentos fallidos de avance y no ha conseguido ocupar ni un palmo de terreno. Tampoco ha logrado atraer un número significativo de tropas enemigas. 

Ha sido un nuevo fracaso sangriento: los partes de los defensores consignan 600 bajas republicanas frente a 18 propias. Unos números tan exagerados por ambos lados que el propio Martínez Bande aconseja "poner en cuarentena". Aún así, es evidente que los caídos fueron numerosos en los dos bandos.

La razón del fracaso no se debe seguramente solo a la baja moral republicana, al mal planeamiento y a la dificultad de tomar unas posiciones inexpugnables. El Ejército de Franco está perfectamente al día de los planes de sus enemigos, seguramente porque se había filtrado información (quizá el propio Casado, que acabaría dando el golpe definitivo a la República). De ahí que la 20 División se viera reforzada con tres batallones de la División 14, un batallón de ametralladoras y dos secciones de morteros.
¿Lo sabían esos soldados republicanos que abandonaron sus granadas frente al Olivar de Veliso? ¿Sabían que la suerte de la República estaba decidida? ¿Que no había ninguna guerra que ganar y si muchas posibilidades de perder la vida?

Los días de la ofensiva la niebla cubrió los campos de Brunete. El día 13 de enero, frente al Olivar de Veliso una compañía de soldados del Ejército Popular espera en la noche helada la orden de ataque. Cuando llega, se ponen en marcha y avanzan, sin pensar en nada. Dejan detrás un cuchara doblada, las latas de un rancho frío, munición y granadas que pesan demasiado y que no creen que vayan a usar. Quizá porque no piensan avanzar mucho.

Así acabó una guerra que empezó con banderas, sonrisas y proclamas. Y con el firme convencimiento de que los problemas solo se pueden solucionar por la fuerza. 

Así empiezan todas las guerras. 
 
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Sobre la ofensiva: J.M. Martínez Bande, 1985. El Final de la Guerra Civil. Editorial San Martín, Madrid, pp. 81-84.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Un fortín tardío

La semana pasada comenzamos a excavar un fortín al norte de Brunete por encargo de la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid y en colaboración con el Ayuntamiento de Brunete. El sitio se encuentra en el Olivar del Veliso, al noreste de la ciudad. Forma parte de un conjunto de estructuras de hormigón construidas hacia el final de la guerra por el ejército franquista para proteger el sector de una posible ofensiva republicana desde Villanueva de la Cañada. Los otros fortines del término municipal se encuentran a lo largo de la M-600, la carretera que une Brunete y Villanueva. El del Olivar del Veliso es el más apartado pero no estaba solo. Al otro lado del camino de tierra existía otro que fue destruido hace unos años por una urbanización.


El fortín es una estructura en forma de T formada por tres nidos de ametralladora construidos en hormigón ciclópeo. Es el único de este estilo en el municipio. Los que más se le parecen, al norte de Brunete en la M-600, tienen forma cruciforme, resultado de unir cuatro nidos. El fortín del Olivar es el único que todavía conserva el enmascaramiento original de arena. Decidimos retirar solo una parte para que se pueda observar la estructura de cemento y al mismo tiempo el camuflaje. La excavación del entorno de la estructura con una pala excavadora sacó a la luz una amplia superficie de cemento. 

El cemento cubría la galería de entrada al fortín, que hacía las veces de refugio antibombardeo. Se intuye su recorrido por el hundimiento del cemento y por un depósito de basuras que colmató un hueco en la cubierta. En breve lo excavaremos para intentar adentrarnos en las entrañas del búnker.

La parte menos grata es la limpieza del interior del fortín, que está llena de basura. En la imagen se puede ver el acceso subterráneo a la estructura. Al limpiar las aspilleras, sin embargo, nos llevamos una sorpresa.

Una inscripción con el nombre de la unidad que construyó la obra: "Viva la 21 Compañía". Debajo lo que parece la fecha, muy borrada: 1939. La 21 y 22 compañías de zapadores fueron adscritas a la 20 División que protegía el sector de Brunete el 7 de octubre de 1938. De ese mes son los cruciformes de la M-600. Si la fecha es la que parece leerse en la inscripción, este se construyó más tarde, quizá al mismo tiempo que los pequeños fortines ovoides que protegían el acceso sur a Brunete. Hay una razón para levantar búnkeres en una fecha tan tardía. Pero eso os lo contamos en la siguiente entrada.